Febrero: cuando admitimos que no somos máquinas (y eso está bien)
Ya estamos en febrero de 2026, y parece que este año quiere pasar volando, como el anterior. Y si eres como nuestro equipo, probablemente ya te diste cuenta de que si no empezamos a trabajar de otra manera, las promesas de año nuevo de ser más productivo, organizarte mejor, cumplir con todo, se quedarán nuevamente en el camino o como futuras propuestas de 2027. Tranquila, que a casi todas también nos pasa. Nuestras agendas están demasiado cargadas y la verdad es que no somos máquinas.
Oliver Burkeman lo dice claro en Cuatro mil semanas: Gestión del tiempo para mortales: "La razón por la que siempre te sientes abrumado no es porque seas malo gestionando el tiempo, sino porque nunca habrá suficiente tiempo para todo lo que podrías hacer". Punto. No eres tú. Es la vida. Lo de trabajar en el non-profit y tener una vida equilibrada lo hablamos otro día.
Pero bueno, aquí estamos. Febrero también es el mes en que, si trabajas en cooperación internacional, ayuda humanitaria o educación para la justicia global, probablemente ya tengas un calendario de convocatorias… y si no, ¡hazte uno ya!
Si estás en Cataluña, una de las primeras convocatorias es la del Ajuntament de Barcelona. Y ahí empieza el baile.
El circo de las metodologías: EML, EBDH, TdC
Cuando te pones a formular proyectos, te das cuenta de que cada administración pública tiene su metodología favorita. Enfoque del Marco Lógico (EML), Enfoque Basado en Derechos Humanos y Género (EBDH), Teoría del Cambio (TdC)... Y tú ahí, intentando descifrar cuál usar, cómo adaptarte y probablemente pensando en pedirle ayuda a la IA (de eso hablaremos otro día, os prometemos).
Pero antes de que te pongas a formular como loco o loca, déjanos contarte algo que hemos aprendido después de años evaluando proyectos: estas metodologías no son enemigas. Se pueden integrar. Y cuando lo haces bien, ahorras tiempo, ganas claridad y, sobre todo, optimizas el potencial transformador de tu proyecto. Sí, es un potencial, no es una promesa autocumplida.
Por eso te ofrecemos, rápidamente, puntos claves que no debes olvidar durante este proceso:
Recuerda que el EML te da claridad sobre objetivos y resultados. Es lineal, mecánico, casi reconfortante en su estructura. Aunque a veces roza el pensamiento mágico (y no tenemos nada contra la buena magia y el esoterismo de calidad), nos ayuda a ordenar la secuencia de las cosas buenas que el proyecto traerá. Eso sí, no dice nada de lo chungo o de las resistencias que pueden emerger (al final los proyectos son vínculos humanos). Como dice Gasper (2000) en su crítica al ML, es una herramienta útil para la planificación, pero tiende a simplificar la complejidad de los procesos sociales, y a invisibilizar el poder y los conflictos.
Luego es importante tener en cuenta que el EBDH nos obliga a pensar en la calidad transformadora de esos objetivos. Nos pone delante la pregunta incómoda: ¿esto realmente responde a derechos? ¿Estoy integrando género de verdad o solo es retórica? Y también nos recuerda el “cómo lo hago”; por ejemplo, si la participación auténtica es igual de importante que los objetivos o si estamos logrando desarrollar la coherencia del proyecto y la visión política. Como señalan Gready y Ensor (2005), un enfoque basado en derechos no es solo una cuestión técnica, sino profundamente política: cambia quién tiene voz, quién decide y cómo se distribuye el poder. Claro, eso a veces incomoda porque no siempre lo tenemos bien reflexionado.
Como paso adicional, se suma la Teoría del Cambio (TdC), que introduce su ingrediente fundamental: el mecanismo de cambio. Este elemento nos obliga a discernir cómo y por qué ocurre el cambio. Tal como argumentan Vogel (2012) y Mayne (2015), la TdC requiere explicitar las hipótesis causales que normalmente dejamos en segundo plano, desplazándonos así del pensamiento mágico del EML hacia un terreno más riguroso y realista.
Pensamiento evaluativo regenerativo
Desde pole pole, trabajamos con un enfoque evaluativo regenerativo que aplicamos desde la fase de identificación. ¿Qué significa? Que en lugar de elegir una metodología y descartar las demás, integramos lo mejor de cada una para diseñar proyectos que no solo "funcionen", sino que regeneren sistemas, relaciones y capacidades, y mayor vitalidad. No se trata de sumar herramientas, sino de crear ciclos de aprendizaje que nutren el cambio real.
Un enfoque regenerativo nos aleja de la polarización metodológica y nos invita a preguntar: ¿qué carajos necesita este proyecto? A veces es estructura (EML), a veces es más claridad respecto la justicia (EBDH), a veces es comprensión profunda del cambio (TdC). Casi siempre, es todo a la vez.
Aunque parezca imposible, sí se pueden integrar estas metodologías en la práctica: sin perder tiempo y sin sacrificar rigor. Y demostrando, una vez más, que no somos máquinas, ni podemos acudir únicamente a ellas para crear proyectos que impacten en la vida de otras personas.
Porque sí, somos mortales. Tenemos cuatro mil semanas (si nos cuidamos y tenemos algo de suerte). Y no vamos a desperdiciarlas formulando proyectos que no transformen.
Nos leemos pronto,
Equipo Pole Pole
Referencias que usamos y te pueden servir:
Gasper, D. (2000). Evaluating the 'logical framework approach' towards learning-oriented development evaluation. Public Administration and Development, 20(1), 17-28.
Gready, P., & Ensor, J. (2005). Reinventing development? Translating rights-based approaches from theory into practice. Zed Books.
Mayne, J. (2015). Useful theory of change models. Canadian Journal of Program Evaluation, 30(2), 119-142.
Reeler, D. (2007). A three-fold theory of social change. Centre for Developmental Practice.
Vogel, I. (2012). Review of the use of 'Theory of Change' in international development. UK Department for International Development.
Wahl, D. C. (2016). Designing regenerative cultures. Triarchy Press.